Ciudades CIDEU

Desafíos estratégicos de las ciudades latinoamericanas frente al fenómeno de la metropolización

El rápido crecimiento demográfico y la acelerada urbanización de América Latina ha conllevado a la necesidad de repensar la manera en que se dan las interacciones municipales, así como las dinámicas socioeconómicas, ambientales y político-institucionales en los territorios.

Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la región latinoamericana es la más urbanizada del mundo. De 100 personas, 80 residen en el área urbana, motivadas por la búsqueda de empleo, generación de mayores ingresos, vivienda, educación, refugio de la violencia u otros.

El alto crecimiento de la urbanización ha implicado relacionamientos y conurbaciones por limitantes topográficas e hidrológicas entre municipios, que en muchos casos se han ido institucionalizado como áreas metropolitanas.

El fenómeno de la metropolización es visto como una oportunidad de desarrollo, pero también como una fuente de nuevos desafíos según Eduardo Rojas y otros, en su libro “Gobernar las metrópolis”.  Considerando las diferentes dimensiones del desarrollo territorial, se resumen algunos de los desafíos estratégicos de las ciudades latinoamericanas frente al fenómeno de la metropolización:

1. Desafíos vinculados al desarrollo sociocultural

En las ciudades latinoamericanas cada vez más se incrementan problemáticas de tipo social por necesidades insatisfechas en materia de educación, salud, seguridad y provisión de servicios básicos. Estos pueden verse traducidos en un alza a la incidencia de comportamientos antisociales, cometimiento de delitos y actividades criminales, la desintegración social, así como desigualdad en el acceso a beneficios del desarrollo urbano.

Un tema social al que se debe prestar especial importancia es lo referente a la migración, no solo desde el campo hacia la ciudad, sino también entre países, en busca de mejores oportunidades de vida o huyendo de la violencia social (por ejemplo, desplazamiento forzado por pandillas o “caravanas de migrantes” desde Centroamérica hacia Estados Unidos).

2. Desafíos vinculados al desarrollo económico

Un desafío importante es la reducción de desigualdades entre aquellos municipios que poseen más y menos recursos para financiar políticas de desarrollo. Resolver esta situación es crucial pues la desigualdad económica y estructural en la que se encuentran las ciudades latinoamericanas genera injusticias y desequilibrios en la calidad de vida urbana.

Asimismo, se deben atender problemáticas vinculadas con la productividad y regularización de actividades informales con una lógica metropolitana. En esta región, las actividades económicas informales son usualmente ejercidas por mujeres de diferentes edades que, por bajos niveles educativos, necesidad de cuidar a niños, niñas, personas adultas mayores o con discapacidades, no tienen acceso a empleos formales y se autoemplean o subemplean en condiciones precarias.

Relevante es disminuir la creciente dispersión de empleos en el área urbana de cara a vincular de mejor manera a emprendedores, micro, pequeñas y medianas empresas con los mercados, plataformas logísticas de transporte, exportación y también considerar la disrupción digital como un hecho que no requiere que las empresas estén localizadas en las áreas centrales de las ciudades.

Otro desafío sustancial es la relación urbano- rural y la posibilidad de polos de desarrollo fuera de las áreas metropolitanas, para así equilibrar la alta concentración de actividad económica, social y político-institucional con una lógica de complementariedad con la ruralidad.

3. Desafíos vinculados al desarrollo ambiental

En clave de pensamiento y planificación estratégica, es importante considerar la importancia de la promoción de la sostenibilidad ambiental en las ciudades latinoamericanas. Esto, porque la urbanización ha generado una serie de presiones en los recursos naturales, como el suelo, agua y aire, que indiscriminadamente han sido sobre explotados, degradados o contaminados. Por ejemplo, la contaminación de ríos y quebradas, la contaminación del aire por alto tráfico, entre otros.

La exploración y puesta en marcha de acciones a nivel metropolitano que impulsen el uso de energías alternativas, nuevas tecnologías, que promuevan la producción de manera responsable, el cambio en los patrones de consumo, la gestión del riesgo, desarrollo de la capacidad de resiliencia y mitigación del cambio climático, serán claves para la sostenibilidad de las ciudades.

4. Desafíos vinculados al desarrollo político e institucional

Más allá de la institucionalización de las áreas metropolitanas, el principal desafío radica en el establecimiento de la gobernanza y gobernabilidad en ella, considerando la tensión entre los distintos niveles de gobierno y las implicancias en términos de poder que significa ceder autonomía. En las ciudades latinoamericanas, son el gobierno central y los gobiernos locales los responsables de permitir/consolidar la región y gobiernos metropolitanos.

Otro desafío importante es la captación y administración de recursos a nivel metropolitano para lograr atender necesidades sociales, promover el desarrollo económico, y todo ello de manera transparente, para no derrochar recursos y articular de manera más eficiente entre los diferentes actores presentes en los territorios.

Contar con esta armonización de marcos normativos y jurídicos de ordenamiento y desarrollo territorial entre los diferentes niveles de gobierno permitirá fluir de mejor manera los procesos que se impulsen de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba.

De igual relevancia es el reto de propiciar el apropiamiento de la identidad metropolitana, motivar la participación de la ciudadanía e impulsar procesos de inteligencia colectiva y comunicación en las ciudades.

¿Por dónde empezar?

Si bien son muchos y variados los desafíos estratégicos que las ciudades latinoamericanas frente al fenómeno de la metropolización, es importante comenzar por ir abordando lo que es posible desde las competencias, responsabilidades y recursos con las que actualmente cuentan. En la actualidad, las nuevas tecnologías y conectividad a internet han abierto la posibilidad de aprender unas ciudades de otras, compartir metodologías, conocimientos y experiencias.

Aquellas ciudades que están en proceso de metropolización deben contar con información actualizada y precisa sobre las problemáticas socioculturales, económicas, ambientales y político-institucionales. Asimismo, deben conocer los actores y acciones que ya se están implementando en los territorios, cartografiar los problemas y planificar de manera participativa con la ciudadanía los escenarios posibles, así como las rutas críticas para lograr consensos, priorizaciones, gestionar los recursos, co crear soluciones y así ir avanzando en la solución de dichos problemas. Por esto, es fundamental considerar el pensamiento y planificación estratégica como herramientas claves para el diseño, implementación y evaluación de la estrategia urbana.

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La ciudad próxima, un modelo urbano y ecológico

La ciudad heredada del crecimiento desmesurado del pasado siglo es un lugar, de lugares, que debe cambiar su modelo para recuperar el carácter de “civitas” y dejar de ser un espacio inhóspito. No todo aquello construido, no todo aquello donde vivimos, puede considerarse ciudad, se han perdido algunos de los valores fundamentales y se ha dado paso, demasiado frecuentemente, a la especulación inmobiliaria en detrimento de las personas, creando periferias innecesarias.

© Edu Bayer

Hoy nos preocupa planear las grandes ciudades, entendiendo que hemos sobrepasado los límites y hablamos de las metrópolis como territorios sin solución. El problema no está en el gran tamaño sino en volver a reconocer la proximidad. La ciudad del futuro debe ser entendida como un conjunto de barrios y de relaciones, y no como una megaestructura. ¿Por qué no una metrópolis de barrios próximos?

La proximidad será fundamental para el reencuentro y el reuso de nuestro hábitat. La mayoría de los desplazamientos diarios que realizamos son injustos socialmente y son el reflejo de un modelo insano de ciudad. Nos deberíamos preguntar ¿Cómo debe ser la movilidad futura? Y la respuesta más innovadora es que no será necesario movernos, que viviremos en proximidad y que tendremos en nuestro entorno todo aquello que necesitamos para la vida cotidiana. Lo hemos visto en muchos casos, en muchas ciudades durante este tiempo de pandemia y teletrabajo.

En mi opinión, este es el camino que hemos de tomar, hemos de cambiar radicalmente el modelo urbano a través de una nueva pedagogía, más inclusiva y ecológica, que nos devuelva la ciudad como espacio útil para vivir. La ciudad próxima es, sin ninguna duda, un modelo urbano y ecológico para habitar.

Si pensamos la ciudad como una suma de barrios, que deben asimilarse a las células mínimas de funcionamiento urbano, lo primero que debemos es definir cómo son y qué hay en ellos. Serán espacios con características comunes arquitectónicas y urbanísticas, a la vez que unidades básicas de estructura y función de la ciudad y por lo tanto serán los elementos más pequeños que podemos considerar en el territorio.

Un barrio no es una delimitación administrativa, sino un espacio funcional al servicio de la convivencia de las personas. Las primeras consideraciones serán su dimensión y su número de habitantes. Un barrio tendrá una dimensión lógica de proximidad y por lo tanto será un lugar caminable. Poco importa si los desplazamientos son de 10, 15 o 20 minutos, lo que hay que asegurar es que sean para la vida cotidiana. Un barrio será, también, un lugar con densidad de población y de actividades. En este será aceptable aplicar la teoría económica de la “rosquilla” para trabajar con una mentalidad nueva para afrontar retos que en esencia reinventen la forma en que creamos valores y compartirlos desde un principio y así oscilar, sin complejos, entre la base social y el techo tecnológico.

La habitabilidad del lugar es el síntoma principal a tener en cuenta. Un lugar próximo lo es si vivimos en él. La vivienda es el primer objetivo a tener en cuenta. Hay que reutilizar el parque construido, actualizándolo, densificándolo si es necesario y mixtificando sus actividades y usos. Y esto lo debemos aplicar en los centros urbanos y en sus periferias. Cualquier lugar de la ciudad debe reencontrar su potencial y valor independientemente de su posición geográfica. Consideraríamos que los estándares mínimos de proximidad de darán en aquellos territorios donde cada ciudadano disponga de 3/5 equipamientos esenciales cercanos a su vivienda, un verde urbano, con árboles, conectado a la estructura de verdes de la ciudad y una estación de transporte público que le conecte al sistema general urbano.

Las dotaciones nos aseguraran la capacidad de la proximidad. Debemos definir estándares de equipamientos tanto en su vertiente más urbanística, de planificación, como en su vertiente social de servicio. Hay que definir qué equipamientos consideramos esenciales y cuáles han de tener indiscutiblemente carácter público, las edades de uso de cada servicio y la distribución territorial, así como el porcentaje de personas al que dan servicio cada uno de ellos. Hay muchos estándares, debemos ser capaces de tener herramientas para encontrar los apropiados para nuestra ciudad. Por lo general, a mayor distribución sobre el territorio y con una mejor escala intermedia lograremos unos efectos más positivos y regeneradores.

La movilidad interna a cada barrio deberá ser entendida como ecomovilidad si hablamos de un modelo de proximidad, es decir, preferencia absoluta de la gente y entender el volver a caminar como un valor esencial. Ello no nos debe hacer pensar en crear calles peatonales y llenarlas de terrazas de bares, sino en aplicar modelos que signifiquen adoptar escalas mayores a las de la manzana actual y promover los usos mixtos de la calle para que esta no sea exclusivamente un lugar de paso sino un espacio también para estar. Ello nos lleva a pensar en la creación de sistemas y subsistemas urbanos. A la vez que repensamos las redes de transporte público y colectivo para desplazamientos urbanos eficientes. Una ciudad empezaría a ser próxima cuando por lo menos el 50% de la población de cada barrio pueda desarrollar su vida cotidiana en él, sin largos desplazamientos urbanos o interurbanos.


© AL PHT Air Picture TAVISA

La naturaleza, será el tercer parámetro a tener en cuenta y no me refiero a los grandes parques que darán un ecoservicio urbano. Hablamos que aquellos espacios próximos, con árboles y con unas dimensiones modestas, e intermedias a escala urbana, que constituyen una nueva relación con las personas y que pueden reurbanizar espacios que hoy cumplen otras funciones.

Todo ello constituye un cambio de modelo urbano a corto y medio plazo. En el que hay que construir menos y reutilizar más. Debemos pensar en el derecho a vivir en la ciudad y entender este como uno fundamental que nos aproxime a una pedagogía que recupere valores y que enorgullezca a las personas. Hay que equipar la ciudad para que tenga valor y vocación de hábitat y hacerlo con sentido social. Debemos movernos con lógica solamente si es necesario y de manera colectiva y por lo tanto potenciar las redes de transporte público en detrimento del automóvil. Debemos recuperar la calle como el nuevo espacio urbano y convertirla en el paradigma de la ciudad más saludable y por ello hay que abrirla a la gente, quitarle vehículos privados y naturalizarla.

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Ciudades CIDEU

ACI Medellín: El poder de las alianzas con el mundo para impulsar el desarrollo sostenible

La pospandemia a la que América Latina se enfrenta, representa uno de los desafíos más grandes de los últimos años para nuestro continente. Este contexto no solo nos lleva a replantear las estrategias de internacionalización, sino a ampliar la visión y las acciones comunes que debemos acoger para enfrentar las consecuencias que nos deja la pandemia.

Para las personas que no sepan, Medellín es una de las ciudades más densamente pobladas del mundo, con índices de desigualdad social aún enormes, y esto sin duda, representa un reto inmenso para la planeación urbana estratégica de la ciudad. La redensificación, la lucha por la igualdad social y territorial, así como pensar el territorio en clave de ciudad región, son imperativos para construir una ciudad y Área Metropolitana más equilibrada y socialmente más incluyente. Es claro que esa redensificación debe sortear grandes retos con cohesión social, el espacio deseable por metro cuadrado por persona, zonas verdes y más espacio público, tal como lo contempla la línea estratégica del Plan de Desarrollo 2020-2023 Medellín Futuro que no es otra cosa que hacer de Medellín una Ecociudad.

Para Medellín los escenarios adversos ya son conocidos, nos levantamos de un pasado complejo y doloroso con base en voluntad y trabajo conjunto entre la academia y el sector público y privado, y es gracias a ello que es reconocida en el mundo por ser una ciudad resiliente e innovadora. Hoy Medellín se proyecta como una urbe más sostenible, con una vocación económica que fortalece la educación y la innovación en sectores de la Cuarta Revolución Industrial.

Nuestro rol en la Medellín Futuro

En la ACI Medellín creemos en el poder de las alianzas con el mundo para lograr el desarrollo sostenible y construir un mejor lugar para la gente. Este enunciado es nuestra fuente de inspiración para sumarnos al desarrollo de la ciudad. Las herramientas para lograrlo son dos: cooperación internacional para comparar estrategias urbanas con otros territorios y evidenciar lo que nos funciona y lo que no, mediante intercambio de conocimiento; y la atracción e inversión extranjera para fortalecer el desarrollo económico y generar empleos y oportunidades para los/as medellinenses.

En esas dos vías nos movemos, con la particularidad de ser una agencia de cooperación e inversión con presupuesto 100% público y la única en cooperación a nivel de agencia en el país. Ambos conceptos en la entidad los ponemos a conversar para lograr espacios de conexión con las empresas instaladas en la región, por su interés de hacer inversión de impacto al desarrollo y cumplir con metas de la agenda 2030.

La rareza de la composición de nuestra agencia también es nuestra fortaleza. La cooperación internacional es más fuerte desde un punto descentralizado, esa modalidad ha permitido que los gobiernos locales ganen experiencia y ha dinamizado las estrategias de internacionalización.

En el caso de la ACI Medellín, tener autonomía para la gestión en la cooperación nos ha permitido dialogar directamente con otras ciudades y gobiernos, y por ello hemos obtenido grandes resultados a favor de numerosos proyectos de inclusión social, educación, movilidad y seguridad, entre otros. La cooperación descentralizada es vital para nuestras ciudades, ya que estamos más cercanos a la población y a sus problemáticas.

Actualmente la agencia goza de muy buena reputación porque adicional a construir relaciones de confianza con aliados internacionales, lo hacemos a nivel nacional y local. Somos un actor que convoca y que le deja a la ciudad importantes beneficios que se evidencian en el indicador de Retorno de la Inversión (ROI), que señala que por cada peso invertido en el funcionamiento de la ACI Medellín, se reportan a la ciudad 261 pesos en inversión y 7 en cooperación.

¿Hacia dónde va la cooperación internacional?

En la ACI Medellín llevamos esta estrategia hacia la cooperación triangular. Es paradójico, aunque la ciudad mantiene problemas de desigualdad, su crecimiento y carácter metropolitano con cerca de 4 millones de habitantes, así como la experiencia ganada en el tiempo, llevan a que la ciudad no sea priorizada por el Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) como receptora de cooperación financiera.

La evolución de Medellín ha sido notoria y por eso debemos adaptarnos al nuevo entorno de la cooperación, a los flujos y a las nuevas mecánicas de triangulación que nos permitan intercambiar buenas prácticas. Adicional a esto, desde el año pasado Colombia pertenece formalmente a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), y esto conlleva otras obligaciones y a que nos vean de otra forma.

En el esquema de cooperación triangular tenemos muchas experiencias para compartir con otras ciudades en temas como: movilidad sostenible, resiliencia, construcción de paz, cultura y educación. Medellín ha sido un laboratorio de experiencias vivas que aún tiene mucho para ofrecerle a otras ciudades.

Reflexiones y retos

Si la cooperación está disminuyendo para países de renta media, ¿significa que las agencias de cooperación están perdiendo protagonismo? ¿O les toca interpretar el contexto y hacer cosas distintas?

Creemos que lo segundo. Como lo explicaba en líneas anteriores sobre el enfoque de la cooperación, también tenemos retos por delante como hacer una efectiva evaluación del impacto que tiene la cooperación y la inversión extranjera directa en el territorio.

La desigualdad social en Colombia se mantiene, todavía pueden verse en Medellín asentamientos informales que nos llevan a pensar en innovar para hacer barrios más dignos. Las agencias de cooperación de Latinoamérica debemos estar integradas a la nueva agenda urbana e incidir en la planeación de un modelo urbano más sostenible y adecuado para las personas.

En materia de atracción de inversión, la reflexión que dejo es la promoción de proyectos que sean coherentes con el desarrollo territorial. Esto lo venimos haciendo con la búsqueda de empresas de base tecnológica que sumen a la estrategia de Valle del Software.

En un mundo tan cambiante, la labor de las agencias de cooperación será encontrar soluciones a problemas comunes como el cambio climático y ahora más reciente, la recuperación social después de la pandemia. La Covid-19 dejará huecos no solo en la economía sino en los tejidos sociales de nuestra población, el desempleo o las afectaciones a la salud mental deberán ser un norte para enfocar estrategias que permitan mejorar la calidad de vida de nuestra gente.


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Ciudades, COVID-19

Las Ciudades y la Pospandemia en la Caja de Pandora

“Todo lo sólido se desvanece en el aire”, reza el título del libro de Marshall Berman, y creo que, en algún momento del 2020, cualquiera de nosotros/as podría haber suscrito esa frase, por los cambios tan profundos y drásticos que sufrimos en nuestras vidas. Al mismo tiempo, el término “Nueva normalidad” se instaló en el vocabulario como una suerte de horizonte elusivo sin que sepamos con certeza de qué estamos hablando cuando nos referimos al mismo.

Foto: Edu Bayer.

El objetivo de estas líneas es poner de manifiesto algunos de los cambios que empezaron a aparecer en las ciudades de América Latina y que parecen ser síntomas de transformaciones que llegan para quedarse. En este sentido, me parece importante subrayar algunas cuestiones que le dan marco a esta reflexión.

La primera de ellas es que el impacto de la pandemia en las ciudades – y desde la mirada del urbanista – es de una envergadura equivalente a otros momentos históricos que han transformado la estructura de las ciudades. Por ejemplo, las migraciones rurales urbanas por efecto de la industrialización, que obligaron a la expansión acelerada de las ciudades; la tugurización de áreas urbanas y la transformación de las estructuras viales; o las epidemias masivas en las primeras décadas del siglo pasado, que impulsaron la reforma del sistema de salud y la construcción de parques a gran escala.

En segundo lugar, esta mirada esperanzada anida en la convicción de que esta crisis se convierte en la oportunidad de llevar a cabo transformaciones de importancia, teniendo en cuenta la enorme capacidad que han mostrado las ciudades para sobreponerse a los cambios. Podría decirse que la pandemia ha actuado como un luminol social, su paso ha dejado en evidencia las fallas y desinteligencias de nuestros territorios. Ha puesto el foco en las áreas postergadas de nuestras ciudades. Ha sido en los barrios populares, los pueblos nuevos y las favelas donde la pandemia ha pegado con más fuerza porque son los sectores en donde el stock construido, las redes de infraestructura, los edificios de equipamiento, los servicios y la oferta de espacio público presentan las peores condiciones. Esto termina siendo un eufemismo de fragmentos territoriales con un Estado ausente. Pero al mismo tiempo, y como en la caja de Pandora, la esperanza que emerge del fondo muestra que estos son los sectores que más rápidamente se recuperaron con rápidas intervenciones, en parte porque la composición demográfica muestra una población más joven – y por ende más resistente al virus – y en gran parte por la resiliencia que poseen las personas menos favorecidas relegados a habitar las márgenes del mainstream urbano.

Por esta razón, es importante instalar en la agenda urbana la necesidad de reequilibrar nuestras ciudades incorporando todas las formas de urbanización marginal en la estructura urbana. Y esta consigna reconoce dos móviles, uno de naturaleza moral: la población que habita en las orillas del desarrollo tiene tanto derecho como cualquiera a la ciudad. Y si este argumento no alcanzara, se pone sobre la mesa un argumento de corte pragmático, necesitamos ciudades reequilibradas porque es la única manera de tornarlas más resilientes.

En los albores de la Revolución Industrial los efectos indeseados de la explosión urbana afectaron a todos los sectores sociales, esto hizo que se instalara la cuestión del acceso a la vivienda social como prioridad para la supervivencia del sistema urbano. ¿Qué efectos está produciendo la pandemia hoy?

Algunos cambios, como el home office (teletrabajo) y las transformaciones en las modalidades de consumo de bienes y servicios, en que se deslocaliza un alto porcentaje de trabajadores, consumidores y productores y se disminuye la concentración de los mismos en los centros principales, han llegado para quedarse, y esto dispara algunas cuestiones que merecen ser subrayadas.

La primera de ellas es la necesidad imperiosa de avanzar en la dirección de ciudades policéntricas ya que la pandemia ha puesto en evidencia la necesidad de reducir las grandes aglomeraciones en medios de transporte y en las centralidades primarias de las urbes. Carlos Moreno nos habla de la ciudad del cuarto de hora, y este concepto implica tanto razones de funcionamiento urbano como de justicia espacial: una ciudad que construya centralidades barriales disminuye la presión sobre el centro y dota de carácter a los tejidos urbanos con poca identidad. En síntesis, acerca la ciudad a la vivienda en forma de dotación comercial, servicios, nodos de transporte, espacio público, presencia estatal y trabaja en la dirección de territorios más equilibrados, diversos y con flujos mejor distribuidos.

Ciudades como Río de Janeiro y San Pablo (Brasil) empiezan a mostrar procesos de incremento de oficinas vacantes en centros de negocios en la medida que medianas y grandes empresas optan por incrementar la modalidad de home office, disminuyendo los costos fijos. Esto plantea un doble desafío en la medida que se hace preciso compensar de la pérdida a las arcas del Estado que implica esta vacancia – y más aún en momentos en que la presencia estatal se torna imprescindible como garante de la calidad de vida en tiempos de crisis – pero al mismo tiempo, y volvemos a Pandora, esta situación plantea la posibilidad de rehabilitar este stock construido en forma de oferta residencial, transformando de este modo centros de negocios a secas en áreas con mixturas de usos. De hecho – y desde hace tiempo – las ZAC francesas (zonas de actuación concertadas) están trabajando propuestas de edificios con mixtura vertical. De este modo, se podría reutilizar este espacio ocioso recalificando áreas homogéneas. El desafío consistiría en gestionar esa transformación a escala edificio que termina repercutiendo en el espacio urbano.

Otro proceso para resaltar es el que podríamos llamar el sueño del éxodo, a la manera del vuelo blanco de EEUU en la primera mitad del siglo pasado, en el que un elevado porcentaje de población blanca se mudó de los centros a los suburbios ante la llegada de población afroamericana. Hoy se puede decir que ciudadanos/as de altos recursos han iniciado un continuado éxodo a barrios privados, countries o a pequeñas ciudades en cercanías de las grandes ciudades. La conectividad digital y el avance del home office permiten esa deslocalización que impacta directamente en la expansión de la mancha urbana. Este movimiento se apoya en la falacia que confunde densidad con hacinamiento, y ese es un equívoco sobre el que deberemos trabajar sostenida y concienzudamente quienes sostenemos que el único futuro posible de nuestras ciudades es el que nos lleve a urbes densas, consolidadas y en equilibrio con su matriz ambiental.

Por todo esto, sostengo que antes que la llegada de la vacuna salvadora nos haga olvidar lo que estamos pasando, es imprescindible que suscribamos un nuevo acuerdo urbano que nos permita transformar nuestras ciudades en lugares inclusivos, equitativos y con calidad.

Solo así podremos demostrar que hemos aprendido la lección.

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Actividad Económica y Empleo, COVID-19

Actividad económica y empleo local en el contexto de la COVID 19

Nunca el mundo ha estado tan lleno de incertidumbres, pero es preciso tomar medidas, sabiendo que son inestables y que existe un difícil equilibrio entre un adecuado control sanitario y determinados niveles de actividad.

Para gestionar el impacto de la pandemia, se toman medidas como los confinamientos nocturnos y perimetrales o las restricciones de movilidad y de actividad. En consecuencia, las calles y los parques se van llenando de gente y se modifican los usos del espacio urbano y las formas de convivir y trabajar.

Esta crisis ha puesto al descubierto el valor de la vida. Ha redescubierto el valor de la proximidad y el valor que tienen los cuidados y las tareas sencillas que son imprescindibles. Porque ha sido esta economía de la vida, la de la subsistencia, la alimentación y los cuidados, la que no ha parado y la que ha fortalecido los elementos endógenos de nuestras economías.

Junto a ello, cabe destacar cómo se ha materializado la revolución digital con la presencia invasiva y cotidiana de esta tecnología que ha modificado nuestra manera de vivir y de trabajar. Y en este contexto hemos podido constatar que necesitamos menos economía especulativa y mucha más economía sostenible, que incorpore desarrollo tecnológico para generar riqueza con equidad, una economía que tenga en cuenta a las personas y que actúe con responsabilidad social.

Como consecuencia de las medidas adoptadas, se ha reducido la actividad en viajes, turismo, cultura, ocio o restauración, se han incrementado el desempleo, la investigación y la necesidad de disponer de un buen sistema sanitario público, y ha crecido de manera exponencial la digitalización en todos los ámbitos de la vida: el trabajo, la educación, la compra, la sanidad o la administración.

Sin duda, la situación actual requiere de respuestas concretas, que es preciso contemplar con la visión de futuro que nos permita afrontar la necesaria transformación de la actividad económica y el empleo. Hacer ciudades en las que sea posible vivir, trabajar, disfrutar y convivir, supone incorporar estrategias que faciliten la actividad económica y el empleo, y promover el desarrollo local de manera transversal.

Para incidir en la actividad económica los gobiernos locales disponen de diversos instrumentos, algunos muy significativos en el actual contexto, como son:

1.- Un ordenamiento del espacio urbano para adecuar el uso y la distribución del espacio público y favorecer los servicios y el comercio de proximidad

Los confinamientos producen un uso más intensivo y creativo del espacio público, aumentan las demandas y los conflictos de intereses por el uso del espacio y se modifica el paisaje urbano.

La COVID-19 ha puesto sobre el asfalto el “urbanismo táctico” porque es rápido, barato y versátil, y ha pintado de colores las calles, con la intención de retirar coches de la vía pública y hacer las ciudades más saludables. Una ordenación del uso del espacio público que, siendo provisional, permite, si es clara y consensuada, avanzar construyendo un urbanismo que facilite la movilidad sostenible y renueve actividades económicas como el comercio y la restauración.

Disponer de espacio público de calidad ayuda a fomentar la vida de barrio, favorece el paseo y contribuye a reactivar el comercio de proximidad. Así lo valoraba el presidente de una asociación de comerciantes de Barcelona: “pacificando las calles cuidamos la salud de la población y luchamos contra el cambio climático”.

Efectivamente, pacificar el tránsito, cerrar calles, peatonalizar, ampliar espacios para uso de establecimientos de restauración, favorecer desplazamientos peatonales o en bicicleta y asegurar un buen transporte público, son motores para reactivar el tejido comercial de proximidad y avanzar en la necesaria sostenibilidad.

El comercio y los servicios de proximidad son imprescindibles para la vitalidad urbana, si bien han de ser capaces de incorporar nuevas experiencias de compra, hacer posible la integración de la actividad digital y la presencial, y promover el reparto sostenible de la última milla.

2.- Una calificación urbanística que integre la actividad económica en la trama urbana

El planeamiento urbano, competencia municipal, es sin duda un instrumento clave para promover y renovar la actividad económica en la ciudad. La ciudad de usos mixtos requiere la convivencia del uso habitacional y de servicios y equipamientos con la actividad económica. Una actividad que permita la reindustrialización del siglo XXI, con una industria limpia y digitalizada que añada valor y que incorpore talento. Para afrontar el futuro tenemos que promover ahora la planeación que lo haga posible.

En CIDEU hemos venido aprendiendo con el proyecto 22@ de Barcelona, buen referente de cómo transformar un territorio industrial obsoleto situado en el centro urbano, en un distrito innovador con nueva actividad económica, más limpia y que incorpora mayor valor añadido y empleo de más calidad.

Algunos entornos proponen la ciudad de los 15 minutos, en la que se accede a servicios y trabajo en este tiempo. Una propuesta en la que podemos reinventar espacios productivos urbanos basados en edificios industriales de altura y en la co-industria, donde nuevas empresas centradas en la producción de escala pequeña y mediana con servicios asociados, compartirán espacios con tecnología y con vivienda y equipamientos.

3.- Diversificar y renovar la actividad económica promoviendo empresas limpias, sostenibles, digitales y socialmente responsables

Uno de los retos a los que sin duda se enfrentan las ciudades es el desarrollo tecnológico. Las maneras de producir y consumir se están transformado, como también lo hacen las maneras de trabajar y de aprender.

Las ciudades contribuyen al cambio necesario promoviendo facilitando y acompañando actividades económicas que incorporen las tecnologías disponibles, las energías sostenibles, los nuevos servicios a las personas y los modelos de empresa socialmente responsables. Existen instrumentos para ello como las ordenanzas municipales, las agencias de desarrollo local, la utilización de edificios públicos para albergar iniciativas emprendedoras, las plataformas compartidas o la cooperación público privada, así como la cooperación con otras administraciones.

Habrá que dedicar especial atención a las personas y facilitar su formación porque el trabajo que viene requiere una mayor inversión en competencias y en habilidades que nos permitan seguir aprendiendo.

En resumen, creo que promover y renovar actividad económica y el empleo en un marco de confianza y de acuerdos amplios, nos permite afrontar el reto de construir un desarrollo económico local que incorpore la triple sostenibilidad, la medioambiental, la social y la económica, porque ello asegura el futuro y hace viable el presente.

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