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Sistema Distrital de Cuidado de Bogotá: La estrategia urbana al servicio de los derechos de las personas

En Bogotá, 9 de cada 10 mujeres dedican cinco horas y treinta minutos en promedio al día a realizar trabajos de cuidado sin remuneración, según la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo ENUT (2017), trabajos sin los que ninguna sociedad puede salir adelante y que, de ser remunerados, equivaldrían al 13% del PIB de la ciudad.

Los trabajos de cuidado son aquellos que implican “cuidar”, tales como apoyar personas en el hogar, cuidar adultos mayores o niños/as, mantener y administrar el hogar, o suministrar alimentos. Una persona cuidadora es una persona que se dedica principalmente a los trabajos domésticos y de cuidado no pagados.

Por esto en 2020 la Alcaldía de Bogotá creó el Sistema Distrital de Cuidado, (SIDICU) un programa que busca cerrar las brechas de género, lograr una distribución equitativa de los trabajos de cuidado y poner en el centro de la agenda a las cuidadoras.

El SIDICU tiene tres objetivos principales, reducir el tiempo de trabajo de cuidado no remunerado de las mujeres, reconocerlo y redistribuirlo entre hombres y mujeres. Esto se logra a través de la articulación de servicios nuevos y existentes para atender las demandas de cuidado, bajo un modelo de atención en dupla: mientras las cuidadoras son atendidas, las personas que ellas cuidan reciben cuidados.

Los servicios para las cuidadoras van desde formación complementaria y certificación de saberes para validar su experiencia en los trabajos de cuidado, hasta respiro y descanso con actividades como yoga, aeróbicos y clases de zumba. A esto se suma atención psicológica y jurídica. Además, los servicios para las personas que requieren cuidados, brindados por el Distrito, están orientados a la promoción de su autonomía a través de actividades lúdicas y pedagógicas para niñas y niños, personas adultas mayores y personas con discapacidad.

Todo el trabajo para poner en marcha el sistema se acompaña de la Estrategia Pedagógica y de Cambio Cultural, una apuesta que se consolidó en el 2020 cuyo objetivo es transformar los imaginarios que tiene la sociedad sobre los trabajos de cuidado y modificar los estereotipos, realizando talleres y campañas masivas de transformación cultural.

El primer paso para lograrlo fue una investigación que realizó el equipo del Sistema Distrital de Cuidado. El propósito fue encontrar las percepciones ciudadanas sobre los roles de género y la división sexual del trabajo, para crear una estrategia que reconstruya la noción que tenemos sobre el trabajo de cuidado y se logre entender que se puede aprender a cuidar porque el cuidado no es exclusivo de las mujeres.

Gracias a esta investigación, se construyeron acciones encaminadas a la transformación cultural de Bogotá, entre las que se destacan los talleres ‘A Cuidar se Aprende’ y ‘Reconstruyendo el Cuidado’, y la Red de Alianzas del Cuidado.

Una realidad en las localidades urbanas y en la Bogotá rural

Pensar la planeación urbana para las mujeres también es una apuesta del sistema, por eso se crearon las Manzanas del Cuidado, el primer modelo en América Latina que integra urbanismo táctico, cuidado y enfoque de género.

Una manzana es un área de la ciudad, de no más de 800 metros, en donde se concentran servicios de cuidado como colegios, jardines infantiles, ludotecas, hospitales, parques deportivos y recreativos y centros culturales, entre otros, en torno a una entidad ancla, por ejemplo, un Centro de Desarrollo Comunitario.

Su objetivo es que las cuidadoras y las personas que requieren cuidado tengan servicios en un radio caminable de no más de 20 minutos, apostándole además a una planeación urbana futurista y centrada en las mujeres.

Durante el 2020 se inauguraron dos manzanas. La primera en Ciudad Bolívar, una localidad en donde hay 99.000 cuidadoras, y en la que, uno de cada dos hogares tiene personas que requieren cuidados. La segunda fue en Bosa, en donde hay 100.832 cuidadoras. En el primer trimestre del 2021, se inauguró la tercera, en San Cristóbal.

El Sistema, además, puso en marcha dos Unidades Móviles de Cuidado, vehículos equipados con servicios como educación flexible para terminar la primaria y el bachillerato, actividades de respiro y relajación, atención psicológica y jurídica entre otros, para llegar a zonas urbanas y rurales de difícil acceso en donde no existe infraestructura para la articulación de servicios. Así se logró beneficiar a las cuidadoras de Sumapaz, Usme, Ciudad Bolívar, Engativá, Suba y Rafael Uribe Uribe, con una modalidad itinerante que lleva servicios dos veces a la semana a zonas específicas de estas localidades. La puesta en marcha de estas unidades se logró gracias a una donación de $USD 850.000 dólares hecha por Open Society Foundations.

El Sistema Distrital de Cuidado comenzó en el 2019 con la firma de un pacto entre el Movimiento de Mujeres de Bogotá y Claudia López, entonces candidata a la alcaldía. Luego, en el 2020 y en alianza con ONU Mujeres, se construyeron las Bases Técnicas del Sistema, una hoja de ruta que contiene el diagnóstico del trabajo de cuidado no remunerado en Bogotá, la visión, los objetivos, los componentes y el impacto del sistema. A esto se sumó la asignación presupuestal más grande que se ha hecho en Bogotá para la Secretaría de la Mujer, con el objetivo de ser la entidad rectora del sistema y fortalecer servicios para la garantía de derechos de las mujeres.

Además, en el 2020, se creó la Comisión Intersectorial del Sistema Distrital de Cuidado, instancia de articulación de 13 entidades del Distrito, el Gobierno Nacional, la academia, diferentes instancias de participación y organizaciones de la sociedad civil para trabajar en conjunto por las cuidadoras de Bogotá.

*Un artículo sobre este proyecto también ha sido publicado en la Revista CIUDAD SOSTENIBLE No. 42, en el siguiente enlace.

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Desafíos estratégicos de las ciudades latinoamericanas frente al fenómeno de la metropolización

El rápido crecimiento demográfico y la acelerada urbanización de América Latina ha conllevado a la necesidad de repensar la manera en que se dan las interacciones municipales, así como las dinámicas socioeconómicas, ambientales y político-institucionales en los territorios.

Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la región latinoamericana es la más urbanizada del mundo. De 100 personas, 80 residen en el área urbana, motivadas por la búsqueda de empleo, generación de mayores ingresos, vivienda, educación, refugio de la violencia u otros.

El alto crecimiento de la urbanización ha implicado relacionamientos y conurbaciones por limitantes topográficas e hidrológicas entre municipios, que en muchos casos se han ido institucionalizado como áreas metropolitanas.

El fenómeno de la metropolización es visto como una oportunidad de desarrollo, pero también como una fuente de nuevos desafíos según Eduardo Rojas y otros, en su libro “Gobernar las metrópolis”.  Considerando las diferentes dimensiones del desarrollo territorial, se resumen algunos de los desafíos estratégicos de las ciudades latinoamericanas frente al fenómeno de la metropolización:

1. Desafíos vinculados al desarrollo sociocultural

En las ciudades latinoamericanas cada vez más se incrementan problemáticas de tipo social por necesidades insatisfechas en materia de educación, salud, seguridad y provisión de servicios básicos. Estos pueden verse traducidos en un alza a la incidencia de comportamientos antisociales, cometimiento de delitos y actividades criminales, la desintegración social, así como desigualdad en el acceso a beneficios del desarrollo urbano.

Un tema social al que se debe prestar especial importancia es lo referente a la migración, no solo desde el campo hacia la ciudad, sino también entre países, en busca de mejores oportunidades de vida o huyendo de la violencia social (por ejemplo, desplazamiento forzado por pandillas o “caravanas de migrantes” desde Centroamérica hacia Estados Unidos).

2. Desafíos vinculados al desarrollo económico

Un desafío importante es la reducción de desigualdades entre aquellos municipios que poseen más y menos recursos para financiar políticas de desarrollo. Resolver esta situación es crucial pues la desigualdad económica y estructural en la que se encuentran las ciudades latinoamericanas genera injusticias y desequilibrios en la calidad de vida urbana.

Asimismo, se deben atender problemáticas vinculadas con la productividad y regularización de actividades informales con una lógica metropolitana. En esta región, las actividades económicas informales son usualmente ejercidas por mujeres de diferentes edades que, por bajos niveles educativos, necesidad de cuidar a niños, niñas, personas adultas mayores o con discapacidades, no tienen acceso a empleos formales y se autoemplean o subemplean en condiciones precarias.

Relevante es disminuir la creciente dispersión de empleos en el área urbana de cara a vincular de mejor manera a emprendedores, micro, pequeñas y medianas empresas con los mercados, plataformas logísticas de transporte, exportación y también considerar la disrupción digital como un hecho que no requiere que las empresas estén localizadas en las áreas centrales de las ciudades.

Otro desafío sustancial es la relación urbano- rural y la posibilidad de polos de desarrollo fuera de las áreas metropolitanas, para así equilibrar la alta concentración de actividad económica, social y político-institucional con una lógica de complementariedad con la ruralidad.

3. Desafíos vinculados al desarrollo ambiental

En clave de pensamiento y planificación estratégica, es importante considerar la importancia de la promoción de la sostenibilidad ambiental en las ciudades latinoamericanas. Esto, porque la urbanización ha generado una serie de presiones en los recursos naturales, como el suelo, agua y aire, que indiscriminadamente han sido sobre explotados, degradados o contaminados. Por ejemplo, la contaminación de ríos y quebradas, la contaminación del aire por alto tráfico, entre otros.

La exploración y puesta en marcha de acciones a nivel metropolitano que impulsen el uso de energías alternativas, nuevas tecnologías, que promuevan la producción de manera responsable, el cambio en los patrones de consumo, la gestión del riesgo, desarrollo de la capacidad de resiliencia y mitigación del cambio climático, serán claves para la sostenibilidad de las ciudades.

4. Desafíos vinculados al desarrollo político e institucional

Más allá de la institucionalización de las áreas metropolitanas, el principal desafío radica en el establecimiento de la gobernanza y gobernabilidad en ella, considerando la tensión entre los distintos niveles de gobierno y las implicancias en términos de poder que significa ceder autonomía. En las ciudades latinoamericanas, son el gobierno central y los gobiernos locales los responsables de permitir/consolidar la región y gobiernos metropolitanos.

Otro desafío importante es la captación y administración de recursos a nivel metropolitano para lograr atender necesidades sociales, promover el desarrollo económico, y todo ello de manera transparente, para no derrochar recursos y articular de manera más eficiente entre los diferentes actores presentes en los territorios.

Contar con esta armonización de marcos normativos y jurídicos de ordenamiento y desarrollo territorial entre los diferentes niveles de gobierno permitirá fluir de mejor manera los procesos que se impulsen de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba.

De igual relevancia es el reto de propiciar el apropiamiento de la identidad metropolitana, motivar la participación de la ciudadanía e impulsar procesos de inteligencia colectiva y comunicación en las ciudades.

¿Por dónde empezar?

Si bien son muchos y variados los desafíos estratégicos que las ciudades latinoamericanas frente al fenómeno de la metropolización, es importante comenzar por ir abordando lo que es posible desde las competencias, responsabilidades y recursos con las que actualmente cuentan. En la actualidad, las nuevas tecnologías y conectividad a internet han abierto la posibilidad de aprender unas ciudades de otras, compartir metodologías, conocimientos y experiencias.

Aquellas ciudades que están en proceso de metropolización deben contar con información actualizada y precisa sobre las problemáticas socioculturales, económicas, ambientales y político-institucionales. Asimismo, deben conocer los actores y acciones que ya se están implementando en los territorios, cartografiar los problemas y planificar de manera participativa con la ciudadanía los escenarios posibles, así como las rutas críticas para lograr consensos, priorizaciones, gestionar los recursos, co crear soluciones y así ir avanzando en la solución de dichos problemas. Por esto, es fundamental considerar el pensamiento y planificación estratégica como herramientas claves para el diseño, implementación y evaluación de la estrategia urbana.

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La ciudad próxima, un modelo urbano y ecológico

La ciudad heredada del crecimiento desmesurado del pasado siglo es un lugar, de lugares, que debe cambiar su modelo para recuperar el carácter de “civitas” y dejar de ser un espacio inhóspito. No todo aquello construido, no todo aquello donde vivimos, puede considerarse ciudad, se han perdido algunos de los valores fundamentales y se ha dado paso, demasiado frecuentemente, a la especulación inmobiliaria en detrimento de las personas, creando periferias innecesarias.

© Edu Bayer

Hoy nos preocupa planear las grandes ciudades, entendiendo que hemos sobrepasado los límites y hablamos de las metrópolis como territorios sin solución. El problema no está en el gran tamaño sino en volver a reconocer la proximidad. La ciudad del futuro debe ser entendida como un conjunto de barrios y de relaciones, y no como una megaestructura. ¿Por qué no una metrópolis de barrios próximos?

La proximidad será fundamental para el reencuentro y el reuso de nuestro hábitat. La mayoría de los desplazamientos diarios que realizamos son injustos socialmente y son el reflejo de un modelo insano de ciudad. Nos deberíamos preguntar ¿Cómo debe ser la movilidad futura? Y la respuesta más innovadora es que no será necesario movernos, que viviremos en proximidad y que tendremos en nuestro entorno todo aquello que necesitamos para la vida cotidiana. Lo hemos visto en muchos casos, en muchas ciudades durante este tiempo de pandemia y teletrabajo.

En mi opinión, este es el camino que hemos de tomar, hemos de cambiar radicalmente el modelo urbano a través de una nueva pedagogía, más inclusiva y ecológica, que nos devuelva la ciudad como espacio útil para vivir. La ciudad próxima es, sin ninguna duda, un modelo urbano y ecológico para habitar.

Si pensamos la ciudad como una suma de barrios, que deben asimilarse a las células mínimas de funcionamiento urbano, lo primero que debemos es definir cómo son y qué hay en ellos. Serán espacios con características comunes arquitectónicas y urbanísticas, a la vez que unidades básicas de estructura y función de la ciudad y por lo tanto serán los elementos más pequeños que podemos considerar en el territorio.

Un barrio no es una delimitación administrativa, sino un espacio funcional al servicio de la convivencia de las personas. Las primeras consideraciones serán su dimensión y su número de habitantes. Un barrio tendrá una dimensión lógica de proximidad y por lo tanto será un lugar caminable. Poco importa si los desplazamientos son de 10, 15 o 20 minutos, lo que hay que asegurar es que sean para la vida cotidiana. Un barrio será, también, un lugar con densidad de población y de actividades. En este será aceptable aplicar la teoría económica de la “rosquilla” para trabajar con una mentalidad nueva para afrontar retos que en esencia reinventen la forma en que creamos valores y compartirlos desde un principio y así oscilar, sin complejos, entre la base social y el techo tecnológico.

La habitabilidad del lugar es el síntoma principal a tener en cuenta. Un lugar próximo lo es si vivimos en él. La vivienda es el primer objetivo a tener en cuenta. Hay que reutilizar el parque construido, actualizándolo, densificándolo si es necesario y mixtificando sus actividades y usos. Y esto lo debemos aplicar en los centros urbanos y en sus periferias. Cualquier lugar de la ciudad debe reencontrar su potencial y valor independientemente de su posición geográfica. Consideraríamos que los estándares mínimos de proximidad de darán en aquellos territorios donde cada ciudadano disponga de 3/5 equipamientos esenciales cercanos a su vivienda, un verde urbano, con árboles, conectado a la estructura de verdes de la ciudad y una estación de transporte público que le conecte al sistema general urbano.

Las dotaciones nos aseguraran la capacidad de la proximidad. Debemos definir estándares de equipamientos tanto en su vertiente más urbanística, de planificación, como en su vertiente social de servicio. Hay que definir qué equipamientos consideramos esenciales y cuáles han de tener indiscutiblemente carácter público, las edades de uso de cada servicio y la distribución territorial, así como el porcentaje de personas al que dan servicio cada uno de ellos. Hay muchos estándares, debemos ser capaces de tener herramientas para encontrar los apropiados para nuestra ciudad. Por lo general, a mayor distribución sobre el territorio y con una mejor escala intermedia lograremos unos efectos más positivos y regeneradores.

La movilidad interna a cada barrio deberá ser entendida como ecomovilidad si hablamos de un modelo de proximidad, es decir, preferencia absoluta de la gente y entender el volver a caminar como un valor esencial. Ello no nos debe hacer pensar en crear calles peatonales y llenarlas de terrazas de bares, sino en aplicar modelos que signifiquen adoptar escalas mayores a las de la manzana actual y promover los usos mixtos de la calle para que esta no sea exclusivamente un lugar de paso sino un espacio también para estar. Ello nos lleva a pensar en la creación de sistemas y subsistemas urbanos. A la vez que repensamos las redes de transporte público y colectivo para desplazamientos urbanos eficientes. Una ciudad empezaría a ser próxima cuando por lo menos el 50% de la población de cada barrio pueda desarrollar su vida cotidiana en él, sin largos desplazamientos urbanos o interurbanos.


© AL PHT Air Picture TAVISA

La naturaleza, será el tercer parámetro a tener en cuenta y no me refiero a los grandes parques que darán un ecoservicio urbano. Hablamos que aquellos espacios próximos, con árboles y con unas dimensiones modestas, e intermedias a escala urbana, que constituyen una nueva relación con las personas y que pueden reurbanizar espacios que hoy cumplen otras funciones.

Todo ello constituye un cambio de modelo urbano a corto y medio plazo. En el que hay que construir menos y reutilizar más. Debemos pensar en el derecho a vivir en la ciudad y entender este como uno fundamental que nos aproxime a una pedagogía que recupere valores y que enorgullezca a las personas. Hay que equipar la ciudad para que tenga valor y vocación de hábitat y hacerlo con sentido social. Debemos movernos con lógica solamente si es necesario y de manera colectiva y por lo tanto potenciar las redes de transporte público en detrimento del automóvil. Debemos recuperar la calle como el nuevo espacio urbano y convertirla en el paradigma de la ciudad más saludable y por ello hay que abrirla a la gente, quitarle vehículos privados y naturalizarla.

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ACI Medellín: El poder de las alianzas con el mundo para impulsar el desarrollo sostenible

La pospandemia a la que América Latina se enfrenta, representa uno de los desafíos más grandes de los últimos años para nuestro continente. Este contexto no solo nos lleva a replantear las estrategias de internacionalización, sino a ampliar la visión y las acciones comunes que debemos acoger para enfrentar las consecuencias que nos deja la pandemia.

Para las personas que no sepan, Medellín es una de las ciudades más densamente pobladas del mundo, con índices de desigualdad social aún enormes, y esto sin duda, representa un reto inmenso para la planeación urbana estratégica de la ciudad. La redensificación, la lucha por la igualdad social y territorial, así como pensar el territorio en clave de ciudad región, son imperativos para construir una ciudad y Área Metropolitana más equilibrada y socialmente más incluyente. Es claro que esa redensificación debe sortear grandes retos con cohesión social, el espacio deseable por metro cuadrado por persona, zonas verdes y más espacio público, tal como lo contempla la línea estratégica del Plan de Desarrollo 2020-2023 Medellín Futuro que no es otra cosa que hacer de Medellín una Ecociudad.

Para Medellín los escenarios adversos ya son conocidos, nos levantamos de un pasado complejo y doloroso con base en voluntad y trabajo conjunto entre la academia y el sector público y privado, y es gracias a ello que es reconocida en el mundo por ser una ciudad resiliente e innovadora. Hoy Medellín se proyecta como una urbe más sostenible, con una vocación económica que fortalece la educación y la innovación en sectores de la Cuarta Revolución Industrial.

Nuestro rol en la Medellín Futuro

En la ACI Medellín creemos en el poder de las alianzas con el mundo para lograr el desarrollo sostenible y construir un mejor lugar para la gente. Este enunciado es nuestra fuente de inspiración para sumarnos al desarrollo de la ciudad. Las herramientas para lograrlo son dos: cooperación internacional para comparar estrategias urbanas con otros territorios y evidenciar lo que nos funciona y lo que no, mediante intercambio de conocimiento; y la atracción e inversión extranjera para fortalecer el desarrollo económico y generar empleos y oportunidades para los/as medellinenses.

En esas dos vías nos movemos, con la particularidad de ser una agencia de cooperación e inversión con presupuesto 100% público y la única en cooperación a nivel de agencia en el país. Ambos conceptos en la entidad los ponemos a conversar para lograr espacios de conexión con las empresas instaladas en la región, por su interés de hacer inversión de impacto al desarrollo y cumplir con metas de la agenda 2030.

La rareza de la composición de nuestra agencia también es nuestra fortaleza. La cooperación internacional es más fuerte desde un punto descentralizado, esa modalidad ha permitido que los gobiernos locales ganen experiencia y ha dinamizado las estrategias de internacionalización.

En el caso de la ACI Medellín, tener autonomía para la gestión en la cooperación nos ha permitido dialogar directamente con otras ciudades y gobiernos, y por ello hemos obtenido grandes resultados a favor de numerosos proyectos de inclusión social, educación, movilidad y seguridad, entre otros. La cooperación descentralizada es vital para nuestras ciudades, ya que estamos más cercanos a la población y a sus problemáticas.

Actualmente la agencia goza de muy buena reputación porque adicional a construir relaciones de confianza con aliados internacionales, lo hacemos a nivel nacional y local. Somos un actor que convoca y que le deja a la ciudad importantes beneficios que se evidencian en el indicador de Retorno de la Inversión (ROI), que señala que por cada peso invertido en el funcionamiento de la ACI Medellín, se reportan a la ciudad 261 pesos en inversión y 7 en cooperación.

¿Hacia dónde va la cooperación internacional?

En la ACI Medellín llevamos esta estrategia hacia la cooperación triangular. Es paradójico, aunque la ciudad mantiene problemas de desigualdad, su crecimiento y carácter metropolitano con cerca de 4 millones de habitantes, así como la experiencia ganada en el tiempo, llevan a que la ciudad no sea priorizada por el Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) como receptora de cooperación financiera.

La evolución de Medellín ha sido notoria y por eso debemos adaptarnos al nuevo entorno de la cooperación, a los flujos y a las nuevas mecánicas de triangulación que nos permitan intercambiar buenas prácticas. Adicional a esto, desde el año pasado Colombia pertenece formalmente a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), y esto conlleva otras obligaciones y a que nos vean de otra forma.

En el esquema de cooperación triangular tenemos muchas experiencias para compartir con otras ciudades en temas como: movilidad sostenible, resiliencia, construcción de paz, cultura y educación. Medellín ha sido un laboratorio de experiencias vivas que aún tiene mucho para ofrecerle a otras ciudades.

Reflexiones y retos

Si la cooperación está disminuyendo para países de renta media, ¿significa que las agencias de cooperación están perdiendo protagonismo? ¿O les toca interpretar el contexto y hacer cosas distintas?

Creemos que lo segundo. Como lo explicaba en líneas anteriores sobre el enfoque de la cooperación, también tenemos retos por delante como hacer una efectiva evaluación del impacto que tiene la cooperación y la inversión extranjera directa en el territorio.

La desigualdad social en Colombia se mantiene, todavía pueden verse en Medellín asentamientos informales que nos llevan a pensar en innovar para hacer barrios más dignos. Las agencias de cooperación de Latinoamérica debemos estar integradas a la nueva agenda urbana e incidir en la planeación de un modelo urbano más sostenible y adecuado para las personas.

En materia de atracción de inversión, la reflexión que dejo es la promoción de proyectos que sean coherentes con el desarrollo territorial. Esto lo venimos haciendo con la búsqueda de empresas de base tecnológica que sumen a la estrategia de Valle del Software.

En un mundo tan cambiante, la labor de las agencias de cooperación será encontrar soluciones a problemas comunes como el cambio climático y ahora más reciente, la recuperación social después de la pandemia. La Covid-19 dejará huecos no solo en la economía sino en los tejidos sociales de nuestra población, el desempleo o las afectaciones a la salud mental deberán ser un norte para enfocar estrategias que permitan mejorar la calidad de vida de nuestra gente.


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“#QUÉDATE EN CASA” IMPOSIBLE PARA LOS MÁS POBRES

Las fisuras sociales se hacen más visibles en tiempos de crisis. Si bien en esta pandemia todos recomiendan #QUÉDATE EN CASA, para muchos la cuestión es ¿EN CUÁL CASA?, pues tener acceso a una vivienda adecuada y cumplir las recomendaciones sanitarias para prevenir la propagación de la COVID-19 es imposible para muchas familias en el mundo y especialmente en el sur global.

Esta es una invitación a repensarnos como sociedad aprovechando el estado de emergencia y diseñar propuestas para restructurar el apoyo estatal a la vivienda, con soluciones que sirvan a las personas de menores recursos.

En el marco del pensamiento estratégico, la vivienda debe ser considerada como una infraestructura de atención fundamental[1], no solo para sobrevivir a esta crisis sanitaria, sino para poder redireccionar el futuro de las ciudades hacia entornos más saludables y a sus comunidades hacia sistemas socioeconómicos perdurables.

En Colombia, el Censo 2018 muestra que el 36.6% del total de hogares está en déficit habitacional (5.2 millones), de los cuales 1.6 millones están en hacinamiento (5 o más personas por dormitorio); siendo éste solo uno de los aspectos de la grave crisis habitacional que vivimos y que es generalizada en América Latina.

Figura 1: “No hay que mirar muy lejos para darse cuenta de que la ciudad en la que vivimos está llena de infraviviendas”. Fuente: CITU experiencia local – CDMB. Estudio Asentamientos precarios del Área Metropolitana de Bucaramanga- Colombia.

Pensando estratégicamente sobre estas desigualdades, una alternativa es ampliar los tipos de vivienda que cuentan con subsidio estatal para incluir familias de escasos recursos, a las cuales el sistema financiero considera “no aptas para crédito” y por ende, el mercado formal no les ofrece productos.

Como los recursos económicos son escasos, debemos aprovechar esta crisis como oportunidad para restructurar la forma en que diseñamos y gestionamos hábitat de calidad para todos, cambiando la oferta de casas con áreas mínimas en entornos incipientes, que actualmente ofrece el mercado en proyectos subsidiados, por alternativas de calidad que lleguen a más familias. Pasar de solo pensar la unidad, a construir ciudad, aportando a la reducción de inquilinatos y frenando la oferta ilegal de suelo en barrios informales[2].

Es estratégico que los presupuestos públicos se redireccionen para ofrecer barrios que desde su construcción ofrezcan un urbanismo de calidad, entornos con calles completas, parques, equipamientos y mezcla de usos; que favorezca la integración social y espacial de las comunidades y de éstas con la ciudad. Que sus viviendas tengan buenos estándares de habitabilidad, con diseños que permitan flexibilidad de los espacios, entendiendo la vivienda no como mercancía o producto cerrado, sino como un proceso en continuo desarrollo, donde el sujeto que la habita y su calidad de vida sean el foco de atención, viviendas progresivas o incrementales.

Es imperativo promocionar la oferta formal de barrios con viviendas que interpretan la forma en que históricamente las familias han ido moldeando su entorno habitacional privado y aumentando el área construida para desarrollar sus actividades, es decir, comunidades de vivienda incremental.

La incrementalidad no es algo nuevo. En los años 60s-70s, con apoyo del Banco Mundial, se ejecutaron en Latinoamérica muchos programas de desarrollo progresivo o lotes-con-servicios (Vivienda-incremental 1.0), como el proyecto PREVI en Perú, o Guacamayas y Ciudad Bachué en Colombia).

Figura 2: Algunos asentamientos informales se consolidaron adecuadamente, pero otros conservan mala calidad de entorno y crecen sus casas hasta límites que ponen en riesgo a sus habitantes . Fuente: las citadas.

A inicios del siglo XXI estos procesos son reinterpretados por Alejandro Aravena en proyectos de relocalización de comunidades en Chile, proponiendo casas que crecían a partir de “la mitad de una buena casa” (Vivienda-incremental 2.0).

En 2020, y a raíz de las crecientes desigualdades sociales que esta pandemia acentúa, en el equipo de investigación de “Idónea Consultoría” proponemos la construcción de barrios de vivienda incremental de tercera generación (3.0), con uni/bi/multifamiliares en densidades medias, localizados no solo en suelos periféricos sino también en zonas pericentrales de renovación urbana, con urbanismo completo y de calidad, donde se ofrezcan unidades de vivienda en doble altura, con una estructura espacial polivalente que permitan flexibilidad o desarrollo progresivo y crecimiento al interior, donde fácilmente el propietario pueda hacer un entrepiso para duplicar el área construida inicial, pasando así de núcleos de vivienda mínima a buenas “casas de clase media”[3] que además incrementan su valor de cambio y el patrimonio familiar.

Para desarrollar estos proyectos es fundamental la activa participación del Estado y la asistencia técnica de grupos de arquitectos-urbanistas-academia, que instruyan a sus habitantes sobre técnicas constructivas, materialidad y respeto del espacio público, para lograr barrios con hábitat de calidad donde las viviendas no quedan limitadas por la escasez inicial de recursos, sino que evolucionan en el tiempo adaptándose a los modos populares de moldear el entorno, posibilidades económicas y composición de las familias que los habitan.

Figura 3: Un ejemplo de vivienda incremental 3.0. Fuente: Elaboración propia Idónea Consultoría.

El éxito de la financiación y gestión estatal de estos nuevos hábitats dependerá de la decidida aplicación de los instrumentos de planificación y gestión del suelo, para el caso colombiano contemplados en la Ley 388 de 1997, como el anuncio de proyecto, declaratoria de utilidad pública, participación en plusvalías, control de precios del suelo, declaratorias de desarrollo o construcción prioritaria, entre otros.

Esta pandemia de la Covid-19 puede ser una oportunidad estratégica para ofrecer nuevas alternativas de provisión de hábitat para los hogares de menores ingresos, como las comunidades de vivienda incremental, promoviendo la participación directa del Estado en su provisión a través de subsidios, diseños urbanísticos-arquitectónicos innovadores y materiales que aporten a la sostenibilidad global. Hábitats que, además, pueden ser replicados en muchos entornos Latinoamericanos.


[1] C. Ortiz y C. Boano. Stay at home housing as a pivotal infrastructure of care. https://blogs.ucl.ac.uk/dpublog/2020/04/06/stay-at-home-housing-as-a-pivotal-infrastructure-of-care/

[2] Más del 50% del crecimiento de las ciudades y municipios colombianos es de origen informal, según un estudio realizado por el Ministerio de Vivienda, Ciudad y Territorio, en conjunto con el Instituto de Estudios Urbanos (IEU) de la Universidad Nacional de Colombia, 2019.

[3] Parafraseando a Alejandro Aravena.

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