Ciudades, Innovación

La innovación urbana frente a la complejidad

Un tsunami de complejidad nos ha estallado en la cara y las ciudades se reivindican como cúmulos de problematización. Nudos de oportunidades y de desafíos, en cuyo enrevesamiento se atisban no tanto las soluciones como las preguntas que debemos hacernos.

El cambio climático, el Covid-19, la Guerra de Ucrania, la desigualdad económica, la carestía de la energía, la digitalización de la economía, la polarización del mercado de trabajo, la desaparición de la economía local en favor de los nuevos oligarcas digitales, el vaciamiento de los centros urbanos, la obesidad infantil, el auge de los discursos de odio, la caída de la confianza en la democracia, la sobredosis de individualismo o la dilución de las redes comunitarias… emergen como problemas complejos o wicked problems que desbordan las capacidades de nuestras organizaciones tradicionales.

Hace falta una nueva generación de instituciones, profesionales y herramientas, que aborden la complejidad cara a cara, sin caer en el reduccionismo, confederando voluntades y ensamblando miradas, canalizando energías desde abajo, integrando epistemologías populares, agregando aproximaciones transdisciplinares para inaugurar un tiempo nuevo que reimagine y redefina la ciudad.

Porque la ciudad no es un conjunto de datos, ni de indicadores, ni de objetivos. La ciudad no es una empresa que hay que gestionar. Tampoco es un coche o una nave espacial que hay que conducir. La ciudad no es un programa, una memoria o un estudio. La ciudad no es una tesis, un paper o un TFG. La ciudad no es una competición, un posicionamiento o una estrategia. La ciudad no es una historia, un relato o un personaje. La ciudad no es una marca, un recurso turístico o un plan de explotación. La ciudad no es un producto, ni un paquete, ni una experiencia…

La ciudad no se puede diseccionar en centro y periferia, en residencial y comercial, en norte y sur, en hardware y software, en naturaleza y cultura, en histórico y contemporáneo, en mainstream y underground

La ciudad es un todo, un todo vivo, interdependiente, dinámico, vulnerable, afectivo e interactivo, que ya no tiene ni principio ni fin. Que desborda su territorio en la nube, que escapa de toda racionalidad y se ríe –jocosa- del management. La ciudad es un crisol de voces y conflictos, un big bang sostenido que reparte y concentra vínculos y enlaces. Es el epicentro distribuido de la globalización, un sistema central de constelaciones humanas como se observa satelitalmente.

Vectores HIP

Lo urbano exige un reenfoque sistémico, para componer una sinfonía múltiple, siempre inacabada, siempre imperfecta y, a menudo, poli rítmica, como una pieza de jazz en una jam session infinita.

Tomando la caja de herramienta que creamos para el Hexágono de la Innovación Pública (HIP), sabemos que se puede repensar la estrategia en clave de innovación urbana, para crear una enorme y fecunda conversación basada en seis vectores virtuosos:

  • Trans / Mezclar / Conexiones transversales, romper los silos, unir puntos improbables, que hablen los diferentes entre sí, hibridar, mestizar.
  • Open / Abrir / Conversaciones en dos direcciones, escucha, empatía, dilución del dentro y el afuera.
  • Co / Colaborar / Conectar emociones, tejer relaciones, compartir destinos, fortalecer lo colectivo, crear comunidades, combatir el hiper individualismo.
  • Fast /Agilizar / Acortar distancias, multiplicar la productividad de las conversaciones, priorizar lo importante frente a lo urgente, cuidar el tiempo para lo íntimo y lo común.
  • Tec / Digitalizar / Multiplicar la conectividad, posibilitar la escala y el impacto, pensar nativamente en red, explotar su ubuicuidad, confrontar lo tedioso, liberar abundancia y canalizar stock de energía social.
  • Proto / Experimentar / Prefigurar el futuro, diseñar el mañana, reducir la abstracción de la conversación, prototipar las visiones, convertir las ideas en elementos sensibles.

Todo ello para acercarnos a un gran objetivo: transformar la planificación estratégica urbana en un activador de ecosistemas de innovación y, de esta manera, abordar de forma sistémica los retos contemporáneos de las ciudades desde visiones, deseos y afectos compartidos. Así, ante los retos que tenemos delante, podremos pensar en ciudades donde vivir una vida mejor y diferente.

Para profundizar en esta temática, los autores de este artículo hemos lanzado junto a CIDEU, el curso HIP Ciudades: Innovación Urbana Transdisciplinar, una formación inédita y pionera para estrategas y agentes urbanos/as creada desde la mayor transversalidad de conocimientos, tácticas y estrategias para atender los desafíos de diseñar y gestionar nuestras ciudades. Encontrarán más información haciendo clic en este enlace.

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Ciudades

Los Institutos Municipales de Planeación en México

Los institutos de planeación a nivel municipal en México inician, en la década de los 90, un camino lleno de retos, posibilidades y aciertos, así como errores de concepción, en algunos casos. Las oficinas que piensan el territorio desde una perspectiva ciudadana han tenido, en poco más de 30 años, desde la aparición del primer instituto en nuestro país, la posibilidad de contar diferentes historias en cada uno de los municipios que tomaron la decisión de planear sus ciudades.

La diversidad de nuestras regiones, así como los diferentes momentos sociopolíticos, económicos y culturales en los que cada municipio se encuentra, refiere características de identidad a los institutos creados, por las posibilidades que la ley permitía en ese momento, acompañado el mayor número de veces, por el entusiasmo y compromiso de una sociedad que identifica en su tierra, una oportunidad de ser más competitivos, de hacer mejor las cosas y de construir mejores ciudades para vivir.

La reforma a la Ley General de Asentamientos Humanos, Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano (DOF:01/06/2021) incluye por vez primera a nivel nacional las definiciones de Institutos de Planeación, sean estos municipales, intermunicipales o metropolitanos. Hoy, los implanes pueden manifestar que existen en la ley y que la creación de nuevos institutos tiene un sustento en la reforma urbana para dar pie a dicho proceso.

Pero entonces, será interesante preguntarnos, cómo fueron creados alrededor de 60 institutos municipales de planeación en esas ciudades de menos de un millón de habitantes, sin ese respaldo jurídico en una ley que, antes de esta reforma enunciativa, tenía poco más de 20 años sin hablar del derecho a la ciudad, de no poner a las personas como lo más importante en el objetivo de cualquier institución que se dedique a hacer ciudad.

La respuesta es la participación e interés de la ciudadanía, el interés de una sociedad que plantea y genera un diálogo con la autoridad municipal para, en conjunto, a través de esta herramienta llamada IMPLAN, canalizar la visión y el objetivo que los hombres y mujeres de una ciudad definen para construir un mejor lugar para vivir.

Así se han construido los implanes, así deben de construirse, con el objetivo de ser un canal de participación ciudadana, que dibuje los procesos de corresponsabilidad en un territorio para hacerlo más competitivo, entre los sectores productivos a través de sus cámaras, colegios de profesionistas, asociaciones civiles, ONG, la academia, ciudadanos y ciudadanas entusiastas que participan desde el activismo, generando el compromiso de la autoridad y al mismo tiempo generando la comunicación asertiva de la visión de territorio que se plantee.

Actualmente, podemos identificar más de 70 instituciones dedicadas al ejercicio de la planeación en México; cada una de ellas totalmente distinta a las demás, cada una de las instituciones con una historia que compartir, y con el común denominador de contar en sus equipos técnicos y en sus consejos ciudadanos con mujeres y hombres con pasión por la ciudad.

El reto que como implanes nos hemos puesto, es consolidarnos como una red de ciudades que reduzcan la brecha de aprendizaje en los procesos propios de hacer ciudad; generar los espacios de intercambio y retroalimentación tanto en los procesos participativos y en los de implementación.

Cómo comunicar nuestros proyectos, cómo promover la idea clara que la planeación estratégica es necesaria más allá del planteamiento técnico; cómo hacer que nuestro trabajo sea el de todas las personas que habitan un territorio.

Identificar a los implanes como el canal de participación ciudadana con capacidad técnica de planteamiento de una idea de conjunto, de lectura de territorio y momentos de oportunidad desde lo político y socioeconómico, nos obliga a dar un manejo a los datos y a la información con rigor técnico y científico.

De lo anterior, se genera la necesidad de asumir más que nunca, la responsabilidad de pensar el territorio desde los datos, desde la generación de herramientas como los sistemas de información geográfica y datos abiertos, aplicaciones que promuevan la interacción de los ciudadanos con la gestión de la ciudad. La tecnología ha dispuesto la oportunidad para plantear otro lenguaje; más y mejores respuestas de la autoridad y entre las personas que habitan un espacio común.

Las ciudades deberán seguir siendo las plataformas sociales de encuentro, digitales ahora, pero siempre con la posibilidad de encontrarnos en el espacio que definimos para convivir, en el espacio que tenemos la responsabilidad de ordenar de manera estratégica, en el lugar donde todos y todas podamos reclamar el derecho a la ciudad.

Los implanes han promovido en los últimos 30 años el entusiasmo y la dedicación por mejores ciudades, donde la participación de las y los que en ellas vivimos, es el mejor insumo a todas las herramientas técnicas y a los avances tecnológicos.

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Ciudades, Formación

Arquitectura urbana y formación de arquitectos estrategas

El aprendizaje de la arquitectura en la actualidad, marca sustantivas diferencias del que se origina con la incidencia de Bauhaus, acogida por la mayoría de las escuelas e institutos de occidente. Latinoamérica no fue la excepción y así se estructuraron los planes de estudio, radicando su énfasis en una definición autonómica de la arquitectura, basada en ejercicios de composición comprendidos entre la escala objetual y la urbana.

El nivel de cumplimiento y calidad del diseño se define entonces por la manera en que el diseñador interpreta y cualifica las capacidades y posibilidades del entorno donde lo produce. Es decir, que en ningún caso el diseñador puede evadir la responsabilidad de ajustarse a ciertas condiciones que, para el caso de la arquitectura urbana, se revisten de una mayor complejidad por el inevitable involucramiento de variables de carácter social, cultural, ambiental, paisajístico, territorial, económico y político.

Por ello, aparte de las habilidades en lo funcional y lo compositivo, los estudiantes que afrontan el taller de Diseño Arquitectónico y Urbano del nivel 6 (DAU 6) de la Carrera de Arquitectura de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Artes de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (FADA-PUCE), aprenden a elaborar lecturas de esas variables a fin de concretar los cuatro objetivos fundamentales del taller:

  1. Proponer una estrategia urbana surgida entre alternativas que solvente, o al menos mitigue la problemática identificada en el diagnóstico;
  2. Ubicar y caracterizar la pieza urbana donde desarrollan los ejercicios de espacio público, que finalmente aglutinarán a los proyectos arquitectónicos;
  3. Formular el programa del proyecto arquitectónico a profundizar desde el repertorio de actividades urbanas derivadas de los enunciados en la estrategia urbana; y,
  4. Diseñar el proyecto arquitectónico haciendo énfasis en la relación imbricada con el espacio público colindante al que pertenece.

En las experiencias proyectuales de niveles anteriores, los estudiantes reciben la mayoría, y en los niveles básicos la totalidad, de condicionantes para el proyecto: ubicación, programa, capacidades y premisas de diseño. En el DAU VI, la dinámica gira en torno de una investigación previa que se desarrolla colectivamente dividida en cuatro ejes: economía (empleo, emprendimiento, oportunidades), sociedad (hábitos, relaciones, organización), territorio (ocupación, morfología, paisaje), y gestión (estado, gobierno, gobernanza); pudiendo, según el caso, variar el número de componentes por cada eje.

Para realizar la subsecuente mezcla de variables que conforman la estrategia urbana elaborada colectivamente, surge la necesidad de cotejar y amalgamar los resultados de la investigación, produciéndose un efecto de involucramiento consciente con los principios y premisas que sustentan la formulación estratégica, al tiempo de producir una flexibilidad y adaptabilidad de los estudiantes que, para entonces, han transitado en tres ejercicios en grupos distintos: diagnóstico por componente, discusión y argumentación del eje, y definición de la pieza urbana de intervención.

En consecuencia, la tendencia al trabajo autónomo se rompe con los consiguientes conflictos para alcanzar acuerdos entre estudiantes, animados por la presencia indistinta de los profesores de cada paralelo en las dinámicas colectivas, y de críticos de alto nivel internacional que han aportado significativamente a la pertinencia, coherencia y consistencia de la estrategia y demás productos del taller. Sin embargo, la experiencia de 15 años ininterrumpidos del taller, ha permitido afinar el método y sus procesos para alcanzar logros destacables en la formación de estudiantes de arquitectura, especialmente en tres aspectos relevantes: ampliación del perfil profesional hacia la estrategia, el urbanismo y el paisajismo; comprensión de la dinámica urbana como fuente de conflicto y complejidad; y respeto al pensamiento distinto, que a través de una gestión inteligente de intereses comunes, alcanza salidas negociadas que se demuestran en un ejercicio colectivo de planificación.

Entre las evidencias que permiten constatar la maduración del DAU VI, destaca la reciente experiencia de acompañamiento interuniversitario con la Maestría de Paisaje de la Escuela de Diseño Weitzman de la Universidad de Pennsylvania (MP-UPenn), en la que el DAU VI colaboró en condición de par local, en ocasión del convenio que esta escuela mantiene con la municipalidad metropolitana de Quito, para la realización de un taller en tres emplazamientos, fuertemente incididos por la informalidad urbana, tanto constructiva como económica: Chilibulo, La Bota y San Roque.

Se destaca en este artículo el trabajo desarrollado en el sector de San Roque, zona caracterizada por una gran conflictividad urbana, contigua al centro histórico, que presenta graves problemas de segregación social, degradación ambiental e informalidad. Allí se propuso una estrategia basada en la recuperación integral de la quebrada Jerusalén, la sutura de los márgenes escindidos por la infraestructura vial, y la dotación de infraestructuras y equipamientos públicos que restañarían los rezagos por inequidad social provocada por la atracción a este sector ejercida hacia los inmigrantes nacionales, como puerta de oportunidades precarizadas que maniobran grupos irregulares que suplen de facto la precaria presencia del Estado.

La matriz proyectual de la estrategia provino de la propuesta paisajística de escala metropolitana, que desarrolló MP-UPenn, a través de tres estudiantes de la maestría, poniendo en relieve las condiciones originales del entorno natural, violentado por acciones antrópicas del último siglo, a las que adhirió el DAU VI a través de la implantación de 14 proyectos arquitectónicos con sus respectivos espacios públicos, representativos de las 4 piezas urbanas que ejercen la mayor influencia estratégica en la propuesta general.

Por tanto, realizar talleres de estrategia urbana como método complejo de aprendizaje, ha resultado altamente congruente para que los estudiantes cuestionen la habitual autonomía de la arquitectura, involucrando otras variables y disciplinas que inducen a interpretar enteramente la compleja realidad urbana, y en consecuencia, a comprometerse elaborando proyectos pertinentes, coherentes y consistentes, que se justifican desde la integralidad con la que fueron estudiados, formulados y concebidos.

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Ciudades, Innovación

La ciudad como conversación

Dice Paolo Virno en Gramática de la multitud que lo que caracteriza a las sociedades posfordistas es que lenguaje y trabajo se han fundido. Antes las fábricas eran mudas, meras coreografías mecánicas, pero ahora que todo se puede traducir en conocimiento y datos, el lenguaje se ha convertido en terreno de conflicto y, a la vez, en lo que está en juego. Si todo es conversación, como reza también el Manifiesto Cluetrain, la ciudad es su escala de interoperabilidad predilecta, el espacio para el diálogo y la deliberación por antonomasia.

Las ciudades se reivindican desde hace años como grandes repositorios de talento dispuestas a conectarse a las constelaciones de oportunidades globales, al mismo tiempo que procuran diseñarse a sí mismas como ecosistemas autosuficientes orientados a la sostenibilidad de la vida y la gestión de la complejidad. Conciliar ambas pulsiones es el dilema central de los debates contemporáneos sobre lo urbano.  

La Planificación Estratégica Urbana es una herramienta al servicio de este propósito. El problema es que el futuro es cada vez menos previsible y menos lineal. Las masas se han convertido en multitudes y los grandes relatos se han diluido en un caleidoscopio de diferencias e identidades que enriquecen la conversación, pero dificultan el consenso. La finitud de los recursos está desorientando la flecha del progreso. Algunos significados cardinales están mutando, más ya no tiene porqué significar mejor. La digitalización ha desbordado el monopolio del tiempo y el espacio que ejercía la ciudad, deslocalizando el poder lejos de los gritos de los indignados, que miran ahora hacia unos gobiernos cada vez más impotentes. Y todos estos cambios suceden sin que se hayan solucionado ninguno de los grandes desafíos que arrastramos de las décadas anteriores, entre los que sobresale el déficit estructural de igualdad de oportunidades que alimenta, a su vez, los demás problemas y se enreda con ellos hasta convertirlo todo en una maraña impenetrable.

En este contexto, parece razonable buscar atajos a la complejidad, obviar las incertidumbres, sistematizar las herramientas, estandarizar los procesos y simplificar las respuestas. Buscar entre el catálogo de metodologías y buenas prácticas, analizar lo que funcionó bien allá y traerlo acá. El problema es que estas tácticas de transposición de recetas y proyectos muchas veces no funciona, y cuando lo hace, muchas veces no sabemos exactamente porqué. Resulta que una metodología exitosa en la ciudad vecina no nos sirve en la nuestra o un programa innovador de un departamento no termina de adaptarse a otro. Y no pocas veces sucede que replicamos un proyecto que parece funcionar bien al principio, pero, pasado un poco de tiempo acaba languideciendo.

Desde esta experiencia, que resultará muy común a la mayoría de estrategas urbanos, convocados por la XXVII Cumbre de Jefes de Estado (SEGIB), preparamos el informe Instituciones que Aprenden, un trabajo que reivindica una actitud más humilde de las organizaciones ante la enormidad de los retos civilizatorios, y las invita a reconocer primero, y a acelerar después, un proceso de transformación sistémica partiendo de la premisa de que ningún problema complejo se aborda con soluciones simples.

Mientras las organizaciones tradicionales, jerárquicas, cerradas, burocratizadas y compartimentalizadas, se muestran cada vez más ajenas e incapaces ante a unos retos transversales y poliédricos; se hacen más precisas una nueva generación de instituciones más abiertas, flexibles, empáticas y democráticas. Pensar sistémicamente significa además insertar las organizaciones en el flujo de conversaciones, tanto a nivel local como global, para posicionarlas como un agregadoras de voluntades y catalizadoras de energías, lo que nos aproxima a la noción de los ecosistemas de innovación.

Concebir las principales instituciones públicas y sociales de la ciudad como redes de deseos, afectos y complicidades, como potenciales hubs de innovación y creatividad urbana –los famosos ecosistemas de innovación-, nos conduce a preguntarnos cuáles son las dinámicas que caracterizan estos entornos y qué pistas podemos seguir para diseñar las cartas astrales con las que navegarlos. Tras un análisis de los ecosistemas más prestigiosos del mundo, el estudio de la ciencia de redes como gramática transdisciplinar, la búsqueda de un marco ético en la cultura hacker y la puesta en marcha de un proyecto como prueba de carga (Frena la Curva), hemos sintetizado el proceso de conformación de estos ecosistemas en seis vectores (Open, Trans, Fast, Proto, Co y Tec). Es lo que llamamos Hexágono de la Innovación Pública (HIP)

Tenemos la intuición de que los seis vectores del HIP pueden ayudarnos a transformar la caja negra en la que se ha convertido la ciudad en un lugar con más luz, canalizando el conflicto hacia la producción de valor social, transformando el caos en creatividad, la desorientación cosmopolita en comunidades de sentidos comunes y la cacofonía de intereses en deliberación virtuosa.

Si quieres saber más sobre el modelo HIP como vector de innovación puedes ver la conversación que tuvimos en CIDEU “Transformar las ciudades por medio de la innovación pública” Aquí.

https://raulolivan.com/acerca-de/
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Ciudades, COVID-19

Las Ciudades y la Pospandemia en la Caja de Pandora

“Todo lo sólido se desvanece en el aire”, reza el título del libro de Marshall Berman, y creo que, en algún momento del 2020, cualquiera de nosotros/as podría haber suscrito esa frase, por los cambios tan profundos y drásticos que sufrimos en nuestras vidas. Al mismo tiempo, el término “Nueva normalidad” se instaló en el vocabulario como una suerte de horizonte elusivo sin que sepamos con certeza de qué estamos hablando cuando nos referimos al mismo.

Foto: Edu Bayer.

El objetivo de estas líneas es poner de manifiesto algunos de los cambios que empezaron a aparecer en las ciudades de América Latina y que parecen ser síntomas de transformaciones que llegan para quedarse. En este sentido, me parece importante subrayar algunas cuestiones que le dan marco a esta reflexión.

La primera de ellas es que el impacto de la pandemia en las ciudades – y desde la mirada del urbanista – es de una envergadura equivalente a otros momentos históricos que han transformado la estructura de las ciudades. Por ejemplo, las migraciones rurales urbanas por efecto de la industrialización, que obligaron a la expansión acelerada de las ciudades; la tugurización de áreas urbanas y la transformación de las estructuras viales; o las epidemias masivas en las primeras décadas del siglo pasado, que impulsaron la reforma del sistema de salud y la construcción de parques a gran escala.

En segundo lugar, esta mirada esperanzada anida en la convicción de que esta crisis se convierte en la oportunidad de llevar a cabo transformaciones de importancia, teniendo en cuenta la enorme capacidad que han mostrado las ciudades para sobreponerse a los cambios. Podría decirse que la pandemia ha actuado como un luminol social, su paso ha dejado en evidencia las fallas y desinteligencias de nuestros territorios. Ha puesto el foco en las áreas postergadas de nuestras ciudades. Ha sido en los barrios populares, los pueblos nuevos y las favelas donde la pandemia ha pegado con más fuerza porque son los sectores en donde el stock construido, las redes de infraestructura, los edificios de equipamiento, los servicios y la oferta de espacio público presentan las peores condiciones. Esto termina siendo un eufemismo de fragmentos territoriales con un Estado ausente. Pero al mismo tiempo, y como en la caja de Pandora, la esperanza que emerge del fondo muestra que estos son los sectores que más rápidamente se recuperaron con rápidas intervenciones, en parte porque la composición demográfica muestra una población más joven – y por ende más resistente al virus – y en gran parte por la resiliencia que poseen las personas menos favorecidas relegados a habitar las márgenes del mainstream urbano.

Por esta razón, es importante instalar en la agenda urbana la necesidad de reequilibrar nuestras ciudades incorporando todas las formas de urbanización marginal en la estructura urbana. Y esta consigna reconoce dos móviles, uno de naturaleza moral: la población que habita en las orillas del desarrollo tiene tanto derecho como cualquiera a la ciudad. Y si este argumento no alcanzara, se pone sobre la mesa un argumento de corte pragmático, necesitamos ciudades reequilibradas porque es la única manera de tornarlas más resilientes.

En los albores de la Revolución Industrial los efectos indeseados de la explosión urbana afectaron a todos los sectores sociales, esto hizo que se instalara la cuestión del acceso a la vivienda social como prioridad para la supervivencia del sistema urbano. ¿Qué efectos está produciendo la pandemia hoy?

Algunos cambios, como el home office (teletrabajo) y las transformaciones en las modalidades de consumo de bienes y servicios, en que se deslocaliza un alto porcentaje de trabajadores, consumidores y productores y se disminuye la concentración de los mismos en los centros principales, han llegado para quedarse, y esto dispara algunas cuestiones que merecen ser subrayadas.

La primera de ellas es la necesidad imperiosa de avanzar en la dirección de ciudades policéntricas ya que la pandemia ha puesto en evidencia la necesidad de reducir las grandes aglomeraciones en medios de transporte y en las centralidades primarias de las urbes. Carlos Moreno nos habla de la ciudad del cuarto de hora, y este concepto implica tanto razones de funcionamiento urbano como de justicia espacial: una ciudad que construya centralidades barriales disminuye la presión sobre el centro y dota de carácter a los tejidos urbanos con poca identidad. En síntesis, acerca la ciudad a la vivienda en forma de dotación comercial, servicios, nodos de transporte, espacio público, presencia estatal y trabaja en la dirección de territorios más equilibrados, diversos y con flujos mejor distribuidos.

Ciudades como Río de Janeiro y San Pablo (Brasil) empiezan a mostrar procesos de incremento de oficinas vacantes en centros de negocios en la medida que medianas y grandes empresas optan por incrementar la modalidad de home office, disminuyendo los costos fijos. Esto plantea un doble desafío en la medida que se hace preciso compensar de la pérdida a las arcas del Estado que implica esta vacancia – y más aún en momentos en que la presencia estatal se torna imprescindible como garante de la calidad de vida en tiempos de crisis – pero al mismo tiempo, y volvemos a Pandora, esta situación plantea la posibilidad de rehabilitar este stock construido en forma de oferta residencial, transformando de este modo centros de negocios a secas en áreas con mixturas de usos. De hecho – y desde hace tiempo – las ZAC francesas (zonas de actuación concertadas) están trabajando propuestas de edificios con mixtura vertical. De este modo, se podría reutilizar este espacio ocioso recalificando áreas homogéneas. El desafío consistiría en gestionar esa transformación a escala edificio que termina repercutiendo en el espacio urbano.

Otro proceso para resaltar es el que podríamos llamar el sueño del éxodo, a la manera del vuelo blanco de EEUU en la primera mitad del siglo pasado, en el que un elevado porcentaje de población blanca se mudó de los centros a los suburbios ante la llegada de población afroamericana. Hoy se puede decir que ciudadanos/as de altos recursos han iniciado un continuado éxodo a barrios privados, countries o a pequeñas ciudades en cercanías de las grandes ciudades. La conectividad digital y el avance del home office permiten esa deslocalización que impacta directamente en la expansión de la mancha urbana. Este movimiento se apoya en la falacia que confunde densidad con hacinamiento, y ese es un equívoco sobre el que deberemos trabajar sostenida y concienzudamente quienes sostenemos que el único futuro posible de nuestras ciudades es el que nos lleve a urbes densas, consolidadas y en equilibrio con su matriz ambiental.

Por todo esto, sostengo que antes que la llegada de la vacuna salvadora nos haga olvidar lo que estamos pasando, es imprescindible que suscribamos un nuevo acuerdo urbano que nos permita transformar nuestras ciudades en lugares inclusivos, equitativos y con calidad.

Solo así podremos demostrar que hemos aprendido la lección.

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